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la cuarta pared

viernes, 23 de diciembre de 2016

Review: NAFTA SÚPER - Temporada 1


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Manteniendo el reparto original de la genial Kryptonita (a excepción de Nicolás Vázquez, que fue reemplazado por Darío Lopilato en el papel de Faisán), y con los mismos Camilo de Cabo, Leo Oyola y Nicanor Loreti en el guión, de la mano del canal SPACE nos llega Nafta Super, un spin-off que se propone explorar más en el universo de estos particulares personajes del conurbano. Ya terminó su primera temporada y te contamos qué nos pareció.

La historia se sitúa diez meses después de los hechos del hospital Parroissien y encuentra a la banda desperdigada, manteniendo un bajo perfil. De pronto comienzan a recibir diferentes ataques que los obligan a reunirse para tratar de averiguar qué está pasando. La trama principal gira en torno al paradero del Pini/Nafta Súper (Juan Palomino), desaparecido desde aquella noche en el hospital. Se hipotetiza que estos ataques son provocaciones para hacerlo aparecer.

Cada episodio desarrolla esta trama principal en mayor o menor medida, pero pone más que nada el foco en ampliar el universo de los personajes, permitiéndonos conocer más a la banda o introduciendo personajes totalmente nuevos: Peto Menahem como Vidrio (una suerte de Mirror Master, primo del Ráfaga de Diego Cremonesi), Jazmín Stuart como La Miyi (la Gatúbela del Federico al que nuevamente le da vida Pablo Rago) y mi favorito, El Ejecutor de Pablo Cedrón, que hace quedar al Deadshot de Will Smith como un monigote. Los guiños al fandom son muchísimos y están colocados de manera muy inteligente: si no leíste un cómic en tu vida, no te quedás absolutamente afuera de nada.

Foto pa'l Feis.

Usando nuevamente el recurso del flashback, mayormente a través de la voz de Ráfaga al igual que en la película, vamos ahondando en diferentes anécdotas del pasado de cada uno. Pero las anécdotas no son elegidas al azar: hay que estar atento a todos los detalles, ya que están llenas de pequeñas pistas que nos permiten construir la trama principal. Por ejemplo, el relato personal del Ráfaga está relacionado con el ataque que sufrió en primera instancia y de ahí nos permite saltar al pasado, a la relación con su primo Vidrio, para luego volver al presente y poder ubicar a este villano en el desarrollo principal de los eventos.

La ampliación del universo se potencia porque, a diferencia de la película, donde prácticamente la única locación real que vemos es el hospital y cuando salimos a transitar recuerdos lo hacemos situándonos en ciertos limbos visuales, en este caso todo se desarrolla en locaciones reales. A ver, no nos referimos a la diferencia del neorrealismo, por llamarlo de cierta manera, entre lugar real y estudio. No importa si las casas, los bares o las calles donde transcurren las acciones existen en verdad o son montajes, importa que a esos lugares por los que transitan los personajes se les está dando una forma, una disposición, una gama de colores. Y, por supuesto, cada pequeño elemento suma.

Peto Menahem es Vidrio, uno de los tantos nuevos personajes.

El punto más arriesgado (arriesgado por atípico para la TV local) es la estética general. Las tonalidades lúgubres en general son cortadas con colores estridentes, reales o a través de VFX. Rompe con el costumbrismo y, a la vez, resalta que es un efecto, un artificio. No son los efectos de Legends of Tomorrow por ejemplo, que pretenden ser serios pero son un CGI truchísimo. Estos se reconocen a sí mismos dentro de una estética un poco bizarra, nunca pretenden realismo. Y es por eso que decimos que son arriesgados: hay ciertos códigos que el espectador medio hoy en día todavía no sabe leer. Por eso valen doble las propuestas como ésta: por un lado porque mantienen el espíritu del mundo que representan y, además, vienen genial para educar esos ojitos adiestrados por Hollywood que buscan el realismo extremo en todo.

Mención aparte para Diego Capusotto, que en el papel de Corona viene a suplir lo que sentimos que le faltaba en Kryptonita: tiempo en pantalla. Por más que aparezca en el último tramo de la temporada, está en diferentes situaciones que permiten un rango actoral muy amplio, que intuíamos que tenía pero que no habíamos llegado a comprobar en la película.


La Miyi y sus chicas.

Ya en la recta final, la trama deja de indagar tanto en el pasado de los héroes y avanza a paso firme, comenzando a cerrar los indicios que abrió al comienzo. La resolución obtenida es coherente, sensata y desarrolla diferentes elementos que antes había dado a entender. En los últimos dos episodios en particular se terminan de atar los cabos, dándole a la aventura un cierre a tono, sin grandes giros ni sorpresas. Lo que sí, el epílogo deja, por suerte, abierta la puerta para una segunda temporada, en la que esperamos ver nuevos personajes (en particular me fascina identificar a cada uno con su referente "real" de DC Comics) y obviamente más de los que ya conocemos; sobre todo de Lady Di, que pierde un poco de pantalla en detrimento de un mayor desarrollo de los otros integrantes de la banda.



VEREDICTO:  7.50 - COHERENTE Y CORRECTA

Nafta Súper es una serie diferente al típico producto televisivo argentino, y es ahí donde radica su principal fortaleza. No es ambiciosa ni soberbia, conoce perfectamente sus límites y se desenvuelve con fluidez dentro de los mismos. Esperamos que sea la primera de toda una camada de producciones de este tipo.


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