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la cuarta pared

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Crónicas del #MDQFEST - Día 4


By on 1:27


Ya sabía desde la noche anterior que las cosas no saldrían como las había planificado en mi ajustada grilla: El Vampiro Negro y The Wailing, las dos películas que pensaba ver por la noche, habían desaparecido misteriosamente tanto de la página de venta de entradas como de las grillas y catálogos online. Sólo me quedaba la grilla de mano, el catálogo impreso, para certificar que no estaba loca y que efectivamente en algún momento estuvieron programadas. Pero según me enteré por colegas, hubo problemas con las copias de algunas películas ya anunciadas, entre ellas estas dos.

Ufaaa 😞

Después de haber visto seis películas el Día 3, sentía como si me hubieran metido yeso por los oídos y ahora tenía el cerebro solidificado e inutilizable.

"Pero dale, ¿cómo te sentís?"

Pensaba salir a ver Las Lindas a la función de las 11:40, pero fui convenientemente advertida que iba a putear porque no es el tipo de películas que me gustan. Así que me salteé el desayuno y, tras haber dormido de nuevo poco y mal, arranqué para el Paseo Aldrey, donde tenía función recién a las 15 hs. Aproveché para almorzar allá (una ensalada, porque al fin encontré una ensalada que costara menos de $100) y adelanté un poco alguna review, no recuerdo exacto cuál pero creo que fue la de Doctor Strange.

Tras eso subí a las 15 a la Sala 1 (miento pero me da fiaca borrar y volver a escribir: grabé primero un par de videítos que están ya programados en nuestro Facebook). Hay dos documentalistas rosarinos, Carolina Rimini y Gustavo Galuppo, a los cuales conocí en este mismo festival el año pasado a través de Pequeño Diccionario Ilustrado de la Electricidad, que me voló la cabeza. Cuestión que ahora presentarían Binaria y como sus materiales son difíciles de conseguir, no me la quería perder. Con su ritmo intenso y sus ametralladoras de información sumadas a material de archivo contundente, Binaria tiene varias tesis, entre ellas que el patriarcado es anterior al capitalismo. Tira varias reflexiones interesantes sobre el rol de la mujer en la sociedad, mecanismos de control, todo fuertemente anclado a los sucesos del Encuentro de Mujeres en Rosario este año. Se anunció que la obra se va a presentar en Rosario en forma de instalación y les juro que me picó el bichito de las ganas de ir.

Binaria. Había que verla.

Llegué a pasar por el baño (menos mal) y me pasé a otra sala, donde a las 16:20 arrancaba Los Ganadores, de Néstor Frenkel. Frenkel es lo más grande que hay, no para de tirar magia: Amateur, El Gran Simulador, y una larga lista de documentales genuinos, dinámicos, poblados de personajes únicos. Los Ganadores hipotetiza sobre una suerte de "sociedad secreta" integrada por programas de TV, radio, canales de cable del interior, que organizan sus propias entregas de premios, donde todos salen premiados. La película entonces gira en torno a los Premios Estampa de Buenos Aires, con casi 300 categorías y una ceremonia de premiación organizada en una sociedad de fomento. Excelente idea verla después de Binaria; necesitaba descomprimir un poco la cabeza después del agotador documental de los rosarinos.

Otra magia de Néstor Frenkel.

Después... emmmh, no me acuerdo bien qué hice. Pará. Ah, sí, pasé por la muestra de vestuario de Horace Lannes que hay en el Salón Histórico del Paseo Aldrey. Incluso estaba el mismo Lannes dando una nota, pero entre que hice tiempo un microsegundo para esperar que se liberara, lo perdí de vista. La mayoría de los vestuarios son de Ay, Juancito, pero hay algunos que habían sido usados por las divas Mirtha Legrand, Graciela Borges, Susana Giménez... incluso uno rojo, usado por "La Coca" Sarli, con un escote tan grande que entran dos cabezas de enano en cada pecho, en serio.

Medio a la deriva porque, como les decía, de las pelis que quería ver no estaban las copias, volví al hotel a terminar las reviews y las crónicas que tenía pendientes, y de paso saqué entradas para ver a la noche Mifune: The Last Samurai. Sin darme cuenta se me hizo la hora y salí a las chapas. Pasé antes por La Nieve porque estaba antojadísima de una porción de fugazzeta con cerveza, pero estaba llenísimo de gente y no iba a llegar, así que opté por picar media "pizza envuelta" en el shopping (la otra media la guardé en el tupper que llevo siempre conmigo y ahora que me acuerdo sigue en la cartera, no la puse en la heladera. ¡Ah, porque en este hotel podés usar la heladera!).

Con una sala bastante llena que se pasó los primeros minutos chistándose mutuamente (eso es la gente que se droga), el documental habla sobre este actor que no quería serlo al principio, pero que se terminó convirtiendo en la figura principal de las cintas de Akira Kurosawa en los años dorados del cine japonés. Formalmente correcto, dinámico, con muchos testimonios que dan cuenta de la grandeza tanto de Mifune como de Kurosawa, que son algo así como "el Tim Burton y el Johnny Depp con talento" del Japón de los '50s y '60s.

Mifune, el Joven Manos de Katana.

Volví al hotel bastante manija, así que terminé una reseña más, busqué en Twitter usuarios y hashtags para viralizar un poco más las reseñas de los días anteriores (me tengo que amigar con el pajarito, sí) y, ya que estaba, me sumé al bullying en el muro de Facebook de una amiga que, como está baneada, la estamos llenando de porquerías. Nunca tardé tanto tiempo en hacer un meme. Tuve que bajar las imágenes almacenadas en Moments al celular, de ahí subirlas a Facebook a un álbum secreto, descargarlas en la PC del hotel y montarlas con el Paint. Todo para hacer un chiste, pero me la re banco, era hora de hacer algo que no fuera cine o casino.

El meme del meme.

El Día 5 ya me deja más tranquila, creo que tengo todas las entradas. Bueno, en realidad no sé, voy a chequearlo.


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