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domingo, 16 de julio de 2017

Informe especial: TITANES en el cine


By on 2:23


Pocos ciclos televisivos en la historia de la Argentina han alcanzado la popularidad que tuvo Titanes en el Ring, con firme presencia en la pantalla en la década del '60 y apariciones más espaciadas hasta fines de los '80s. Es que la galería de personajes creada por Martín Karadagián (1922 - 1991) sumada al show -por ese entonces inédito- proporcionado por la destreza física del catch, generaban un punto de encuentro que disfrutaban grandes y chicos por igual. Y por supuesto, como todo producto que vende, además de juegos de mesa y juguetes Jack, los Titanes llegaron al cine.

El éxito del espectáculo radicaba claramente en la inventiva de Karadagián, quien de chico, en vez de trabajar de lustrabotas, compraba los cajones para alquilarlos a otros pibes y que trabajaran por él. Posteriormente, los años de adolescencia cargando reses de carne en el mercado y las prácticas de lucha greco-romana en la Asociación Cristiana de Jóvenes desembocaron en su llegada al Luna Park para incorporarse a la troupe de Karol Nowiwa, donde se ganó su lugar a los golpes (literalmente). Escudándose en un personaje irascible que solía pelear sucio, en 1947 comenzó a llamar la atención al protagonizar una pelea contra el Hombre Montaña Ucraniano (Karadagián era conocido por su baja estatura, por lo que se imaginarán dónde radicó lo épico del combate: una versión posmoderna de la lucha de David contra Goliat). En 1951 se asoció comercialmente con Nowiwa en la organización de los torneos del Luna y para 1962 desembarcó en la televisión.

De ahí en adelante la historia es más o menos conocida: primero desde el Luna Park y luego desde estudios de TV, una vez a la semana se emitía el programa con los combates entre los míticos personajes, como ser La Momia, el Caballero Rojo, Rubén "el Ancho" Peucelle, o el Gitano Ivanoff, entre tantos otros. Cada personaje tenía su historia y sus técnicas características, fruto de reuniones semanales donde se planificaba absolutamente todo. Pero el universo no se reducía a los luchadores, sino que había otros personajes periféricos que completaban la ilusión, como el Hombre de la Barra de Hielo, la Viudita que le llevaba flores a Martín, o William Boo, el árbitro tramposo que siempre inclinaba la balanza en favor de los villanos.

La primer película, Titanes en el Ring, data de 1973 y fue dirigida por Leo Fleider, quien posteriormente tuvo la posibilidad de dirigir a Sandro en la querida Operación Rosa Rosa. Hay que ser honestos: la trama es tan simple e inocente que se vuelve aburrida. Son hechos casi aislados, con una causalidad muy débil que comienzan con Miguelito queriendo impresionar a su noviecita Carolina, contándole que es amigo de Martín y sus Titanes. La lleva entonces a un primer show donde finalmente no pueden acceder a saludarlos; ella festeja su cumpleaños, donde toca en vivo Leo Dan y los niños bailan (!); tras una gestión del padre del niño conocen a los Titanes; el padre de la niña es secuestrado y los Titanes ayudan a Miguelito a liberarlo. Pero claro, lo que importaba era ver a los Titanes en grande y por eso las salas se llenaban los fines de semana: no solo se muestran los habituales combates televisados, sino que también incluye escenas en el gimnasio, una lucha al aire libre contra los secuestradores del padre (con una intervención de La Momia Blanca que posiblemente sea lo mejor de la película) y un sueño/alucinación del nene que, a pesar de la desganada puesta en escena, pelea codo a codo con la intervención de la Momia Blanca en el rescate por el título de  "Mejor momento de la película". A pesar de sus carencias técnicas y narrativas, la película es un excelente registro documental de qué significaba Titanes para un niño en los '70s: amistad, compañerismo y admiración por las enseñanzas de Karadagián, orientadas a que hagan la tarea, respeten a sus mayores y sean buenas personas.


Más tarde, en 1984, llegaría Titanes en el Ring Contraataca, con una trama un poco más elaborada y de la mano del querido Salvador Valverde Calvo (guionista de la mayoría de las películas de los Superagentes y Bañeros). Julio de Grazia interpreta al Inspector León y todo gira en torno a un tópico que fue utilizado de manera recurrente en el show televisivo: el arribo al país, en barco, de la Momia Negra (que a mi entender tenía la mejor canción, si nunca las escucharon, háganlo). Martín y sus Titanes se baten a duelo con una banda de malhechores que buscan una joya que está escondida en el sarcófago que viene de Egipto. Sin ser un filme trascendental, es mucho más llevadero que el anterior. La mano de Valverde Calvo en el guión la viró más hacia a la comedia, al gag físico, incluyendo también un guiño de De Grazia a su personaje Mojarrita en la saga de Los Superagentes. Esta sí es imperdible.


Lo que se le cuestionó a Titanes en su momento (porque haters hubo siempre) era que los nenes obviamente, se disfrazaban y jugaban a los golpes. Es un detalle menor, siendo que hubo pocos shows televisivos que brindaran un mensaje moral, una enseñanza, un consejo sobre respetar al prójimo como los que brindaba Martín; un auténtico ejemplo de lucha y entereza, que aún habiendo sido amputado de una pierna por la diabetes que lo aquejaba, analizaba volver al ring como "El pirata pata de palo". Más allá de los combates y los trajes de colores, la nostalgia de Titanes y la grandeza de Karadagián radican en eso, en haber sido un hogar y una figura paterna, que unían tanto a grandes como a chicos. Las películas que los llevan a la pantalla grande funcionan más como registro documental del furor de la época que como ficciones recordables. No les hacen justicia pero, por supuesto, tampoco manchan su nombre: los seguimos queriendo y recordando con todo el cariño que se merecen.

La imagen de portada pertenece a Adrián Bonnette. ¡Es hermosa!


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