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la cuarta pared

sábado, 28 de febrero de 2015

¿Por qué nos gusta tanto? HOUSE OF CARDS y el poder de la retórica


By on 13:55




Había pasado más de un año desde la finalización de la segunda temporada de House of Cards. La temporada había sido muy intensa en sí misma, pero el final no te dejaba desesperado por más. La pausa era necesaria y hubo otras series y películas que ayudaron a mitigar la espera.

Ahora bien, el tema fue Febrero. Entrabas a ver cualquier cosa en Netflix  y tenías el recordatorio sobre el regreso de la serie el 27 de Febrero. Y la suben entera: o la dosificás o te atragantás.

Aclaración #1, al margen de todo, porque no tiene nada que ver con el resto de lo que voy a decir, pero soy minita y quiero decirlo: ¡por Dios lo que es el vestuario de Claire Underwood! Me recordaba mucho a Jackie Kennedy, no como referencia directa porque el estilo es radicalmente diferente pero sí con la misma cuota de elegancia, distinción y personalidad. ¡Larga vida a su guardarropas!

Volviendo a lo otro que pensaba, soy una manija espantosa que empezó y terminó la tercer temporada el mismo día que salió (léaser "ayer"). Y no podía dejar de verla. Y a la vez que estaba adictivamente inmersa en la trama, no podía dejar de pensar qué es lo que me atraía tanto, porque, en la vida real, la política y tener hijos son las dos cosas que menos me interesan.

Y creo que lo que me sedujo incondicionalmente es que todo está basado en algo que es completamente inherente al ser humano: la búsqueda de poder. Peeeeeero es una búsqueda de poder que se da a través de un recurso que todos podemos desarrollar y que ya había sido destacado en el Siglo IV A.C. por Aristóteles: la retórica o el arte de la persuasión.

Frank Underwood (Kevin Spacey) es el héroe-villano principal de esta historia. ¿Por qué héroe? Porque, como todo héroe, hace sacrificios, se tropieza pero no se cae, relega su vida personal, sus verdaderos deseos (más allá del poder), e incluso sus sentimientos para construir una imagen que le ayude a conseguir sus objetivos y hace de la persuasión su principal arma de combate. ¿Por qué villano? Porque sus objetivos son, desde el inicio, tener poder, todo el poder que pueda abarcar, al precio que sea, por más despiadados que sean sus planes, nada parece darle remordimientos. Y la presidencia de los Estados Unidos de América es por excelencia el destino final de su camino.

Y Frank es el que más poder tiene porque es el que mejor maneja la persuasión, pero obviamente no es el único: en la serie se muestra toda una trama de caminos de ambición inagotables. La lucha de poderes no termina nunca: un favor o cambio de bando hoy es una devolución de favores o una recriminación mañana. O pasado mañana. O dentro de tres temporadas. Todo lo que hagas en tu vida puede ser usado en tu contra. Los secretos que guardás, lejos de quedar enterrados, son proporcionalmente más peligrosos a medida que acumulás mas poder. La lealtad puede terminarse unilateralmente y entra en crisis: ¿es un principio que se vende, se compra, se cuestiona...?

Los obstáculos que aparecen más a menudo, son... las convicciones. Cuando el futuro de un país depende de una sola persona con convicción en una causa justa, cuando todos la quieren convencer que pase a tal o a cual bando, cuando todos le dicen qué decir y no negocia con ninguno, no lo bancás. La serie te pone en un lugar morbosamente incómodo, mostrándote a la gente realmente noble como un obstáculo. Te calzás los zapatos de Frank, quien además te hace cómplice recordándose/te cada tanto que estás del otro lado y te tira comentarios a cámara, y querés que lo destruya. Querés que gane Frank, quien a pesar de ser una aplanadora de la moral, una máquina de picar carne, cuenta con una dosis justa de humanidad intermitente que todavía no queda claro si es sincera, si es para calmar su conciencia (¿tiene?) o si es para sumar aliados, pero a nivel espectador es la dosis justa para no odiarlo, el balance necesario para seguir bancándolo.

Entonces la cuestión era... ¿por qué nos gusta tanto House Of Cards? Porque todos los seres humanos fantaseamos alguna vez con el poder. Y no podemos evitar sentirnos identificados con Frank Underwood porque no triunfa a través de superpoderes como Superman: lo consigue mediante la retórica, y el arte de la palabra es una herramienta que está al alcance de todos nosotros. Sí, es cierto, tiene una maquinaria mental aceitadísima y carece de escrúpulos pero no podés dejar de enamorarte de su palabra. No dejás de tener ganas de ser él un ratito, aunque sea para saber qué se siente. Y no dejás de sentirte culpable por bancarlo, porque... sí, lisa y llanamente, el chabón es un hijo de puta... pero, ¿no será que, en el fondo, todos lo somos?


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