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la cuarta pared

martes, 22 de noviembre de 2016

#MDQFEST: Blanco o Negro


By on 1:39



A Matias Rispau y la gente de Brainstorming Visuales ya los conocíamos, tanto por El Turno Nocturno, el cortometraje Best-Seller, o la saga Nikko. Sabemos que tienen un espíritu inquieto y que no se encasillan con un género en particular. La propuesta de Blanco o Negro es un híbrido entre una historia de venganza, con toques de policial, thriller y drama. Pudimos verla en su segunda proyección oficial y nos fuimos de la sala con la panza llena.

Adrián Goto (Matías Rispau) vivía en el sur, en una cabaña alejada de todo. Pero lejos de tener una existencia de ensueño, la pasa mal: la muerte de su prometida lo atormenta. Con una secuencia de montaje que, con un muy buen ritmo, reduce años en unos pocos minutos, Goto vuelve a Buenos Aires, a buscar ayuda para ubicar a los responsables de esa muerte. Inicia así un recorrido a lo largo del cual irá cobrando venganza con sus propias manos, pero ese mismo camino también le genera una sed de sangre insaciable que lo hace transitar la delgada línea entre la cordura y la locura.

Técnicamente la película no parece ser la producción independiente que es. Se recorren varios paisajes urbanos además de grabar los exteriores del Sur efectivamente en el lugar; no son exteriores robados de otro lado ni cromas mentirosos. Hay una gran prolijidad en los encuadres y en los movimientos de cámara, y ni hablar de la fotografía que sabe generar ambientes lúgubres y poderosos contrastes cuando es necesario, transmitiendo la dualidad Blanco o Negro con muchísima fuerza. En determinados momentos la película pierde el color, reforzando situaciones en las que la cornisa por la que transita Adrián se hace más angosta. Además, utiliza mucho para componer el fuera de foco, sobre todo reforzando momentos de confusión donde el protagonista está perdido tanto internamente como en relación a la gran ciudad.






El montaje se aleja de la pretensión clásica de transparencia y se enfoca más en transmitir el estado mental alterado de Adrián, pero sin abusar del recurso; nunca dejás de entender lo que pasa. Y acompañando, una muy buena banda sonora compuesta mayormente de acordes clásicos que juegan al contrapunto con la imagen.

Llegando al final, se hace un poco larga (no olvidemos que dura 135 minutos). Pero claro, abre tantas líneas narrativas, relacionadas a la construcción del personaje de Adrián, que las tiene que ir cerrando. El hecho que se haga larga ayuda a sacarte la tensión de encima. Creo que si la película terminara de manera más apresurada, saldrías de la sala completamente alterado; viene bien entonces un cambio de ritmo para terminar de respirar profundo antes que las luces se enciendan.


Blanco o Negro se convierte en una buena propuesta. Su originalidad radica en la complejidad del personaje principal y de su entorno, lo que la aleja de ser simplemente una película de venganza.


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