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la cuarta pared

lunes, 7 de septiembre de 2015

Review: THE D TRAIN


By on 01:43




Uno nunca se imagina odiando a Jack Black. Es algo así como un crimen de lesa humanidad. Pero es así: los primeros minutos de su personaje, Dan Landsman, te generan violencia.

Dan, auto-proclamado Presidente del comité de ex-alumnos de su promoción, es como cualquier otro hijo de vecino: tiene una familia, trabaja, y pasa sus ratos libres organizando una reunión por los 20 años de egresados; ninguna de estas tres cosas con arrollador éxito, vale mencionar. Es que Dan es un mentiroso compulsivo, y lo peor es que se miente a sí mismo: se cree que es popular, talentoso y un líder nato... pero no, no es nada de eso. Vive dentro de una burbuja que mezcla idiotez con soberbia, lo cual genera que la gente se aleje de él, a raíz de lo cual Dan presume más y más de cosas que no es ni tiene, generándose así un círculo vicioso donde va quedando cada vez más relegado. La reunión peligra porque, justamente por ser un indeseable, tiene una pésima convocatoria. 

Hasta que una noche, viendo la TV, Dan cree descubrir su salvación: Oliver Lawless (James Marsden, de X-Men), quien había sido el popular de su camada, protagoniza un aviso nacional de bronceador. Entonces, confiado en sus inexistentes dotes como líder, decide viajar a Los Angeles a buscar a Oliver con la esperanza de que, garantizando la presencia de una celebrity, el resto de los ex compañeros también se hará presente. Entre mentiras y engaños se va todo a la mierda, obvio, pero no vale la pena spoilearlo.

Cíclope y Po fueron juntos al cole.

Es justamente este personaje horrible, este auténtico anti-héroe odioso, lo que mantiene en pie a la película: comete error tras error, y esta seguidilla se termina haciendo una bola de nieve que le pasa por encima. Es esa misma bola de nieve lo que mantiene en vilo al espectador: se embarra cada vez más y es muy difícil predecir cómo terminará todo, porque está en una situación tan precaria que cualquier cosa que ate, se desatará de otro lado, con consecuencias cada vez más graves.

La película es claramente una comedia, relacionada de manera umbilical con las clásicas comedias griegas donde es un defecto del protagonista lo que termina desencadenando una serie de eventos desafortunados que ocasionan su propia caída. A medida que avanza la trama, no sólo se va complicando su incursión en la organización de la fiesta, sino que su vida familiar y laboral también van en declive.

¿Tiene cara de forro? Bueno, eso es porque ES un forro.

En cuanto a la realización, no hay nada que destacar: la cinta está lejos de cualquier propuesta de autor y es un producto estándar más, donde lo importante es transmitir la información sin ningún tipo de intención emocional sobre el espectador.



VEREDICTO:  5.0 - ¡ESTÁ BIEEEEEEEEN!

The D Train logra captar la atención y mantener al espectador pensando cómo saldrá Dan del embrollo en el que se mete. Pero no es más que eso: no genera absolutamente nada más que una hora y media de entretenimiento. Por algún motivo, todo el potencial que tenía para dar un mensaje moral condenando la mentira se diluye y la epopeya del protagonista termina siendo una simple anécdota.


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