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miércoles, 25 de marzo de 2015

Fútbol y Cine: el doble cordón umbilical


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Esta semana, entre los estrenos anunciados tenemos a El Cinco de Talleres: una película nacional dirigida por Adrián Biniez con temática futbolística, lo cual nos llamó a la reflexión sobre cómo se han llevado, históricamente, fútbol y cine.

Mucho antes de la llegada del Papa Francisco, hubo una figura que sirve para reconocimiento mundial del argentino en cualquier parte del planeta: Diego Armando Maradona. ¿Qué es El Diego sino la materialización de la idea de fútbol como lenguaje universal, como la máxima expresión de una pasión colectiva condensada en un ser individual?

Y no es azaroso que la principal carta de presentación universal del argentino haya sido un futbolista: ¡si en Argentina se vive, se respira, se transita fútbol todo el tiempo! En la realidad, en la vida cotidiana, en el pasado, presente y futuro de todos, seamos futboleros o no. Pero... ¿en la ficción también? ¿Es el fútbol uno de los temas más recurrentes y representativos de nuestra cinematografía, nuestro leitmotiv? Si un buen partido de fútbol es la narración con el suspenso más logrado, con una proyección del espectador sobre el protagonista tan fuerte que sufre, grita, ríe y llora al compás de las jugadas... ¿no debería ser el cine, a través de su propio lenguaje narrativo, capaz de reproducir, magnificar y manejar a gusto y piacere ese cóctel de emociones? ¿No debería ser una película sobre fútbol la montaña rusa con más adrenalina del mundo? Lo siento, amiguis, pero la respuesta es NO. De hecho, son casi incompatibles.

Allá por 1933, la segunda película nacional sonora fue Los Tres Berretines (de Enrique Telémaco Susini, con Luis Sandrini y Luis Arata, entre otros), y trata sobre un ferretero y su familia que no lo ayuda como él quisiera en la ferretería por estar más ocupados en sus berretines: el fútbol, el cine y el tango. Con esta película fundacional del cine argentino, se establece un cordón umbilical entre cine, fútbol y tango: son las tres cosas que más importan, los tres pilares fundamentales de la identidad cultural.

Programa original de Los Tres Berretines.

Si bien la inclusión del tango como temática fue decayendo, el fútbol siempre estuvo presente: films tan heterogéneos como la avanzadísima El Centroforward Murió al Amanecer (de René Mugica, 1961), la comedia independiente realizada en stop-motion Plata Segura (Néstor Frenkel, 2001), y la nefasta La Fiesta de Todos (Sergio Renán, 1979), muestran que hay una intención de reconocer al fútbol como temática cultural recurrente.

En otra vertiente temática, desplazando al fútbol del lugar central, se incluye la pasión que despierta como marco de contención para otras tramas: es por ella que se atrapa al asesino de El Secreto de Sus Ojos (Juan José Campanella, 2009), o amalgama una historia de lucha y amistad en Papeles en el Viento (Juan Taratuto, 2015).

Lo que apasiona del fútbol es irracional (como toda pasión) y cada partido es impredecible, el hilo conductor de los encuentros es la táctica, el talento, la entrega y el azar, elementos que se diluyen completamente al asistir a una representación cinematográfica sobre fútbol, donde, en primer lugar la identificación del público realmente futbolero con los actores/jugadores es muy difícil: el tipo sabe que están actuando, sabe que esa gambeta está editada, que ése que salió a trabar no está dando todo de sí sino que está siguiendo la indicación de un director que le dijo: “acá tiráte pero no te tirés mucho, la idea es que el 10 te pase por el costado”.


El fútbol también tiene un capítulo animado en la historia del cine local.

Y en segundo lugar, se pierden la sorpresa y la imprevisibilidad, que es lo que tiene de lindo el fútbol: por más que el periodismo deportivo ame las estadísticas del tipo "Deportivo Mandiyú lleva ganados sus últimos 20 encuentros como local y esta tarde recibe a Aldosivi que viene de sumar sólo 4 puntos en sus últimos 10 encuentros"... la verdad es que los pingos se ven en la cancha. Pero en la cancha de verdad, en cine es inútil: hay un guión, un director y el resultado de ese partido va a depender siempre de una necesidad dramática determinada.

Por eso las películas de fútbol que hay no buscan ni logran despertar la misma pasión que el fútbol en la vida real y siempre toman el fútbol como anécdota, como contexto de inserción, pero las historias en sí pasan por otro lado.

Una mención aparte merecen los documentales, la evocación directa a un hecho o a una personalidad ya tiene parte de la emotividad del espectador ganada. Pero aquí el problema es que la mayoría de las temáticas segmentan el público mucho más que la ficción: si el documental es sobre Boca, muy posiblemente un hincha de River no se emocione; de hecho, es muy probable que ni siquiera le interese. Pero si una ficción trata de fútbol, a un amante del cine en general no le va a generar un rechazo automático.

Amando a Maradona - Javier Vásquez, 2005


El primer cordón umbilical está roto: la pasión que despierta el fútbol es irreproducible desde la pantalla grande.

Pero hay en la relación fútbol-cine un segundo cordón umbilical, que remite a lo más profundo de las relaciones humanas y lejos de debilitarse se hace cada vez más grueso: la vinculación más fuerte entre estos dos berretines no se encuentra tanto en el contenido como en la forma, especialmente en las esferas del amateurismo.

Piensen en un equipo, en un grupo de gente, de ámbitos diferentes pero con una pasión en común, que disfrutan de las reuniones donde la comparten, reuniones difíciles de concretar porque todos tienen otras obligaciones laborales mediante las cuales se ganan la vida, porque esta pasión es ad-honorem obviamente. Sacrifican tiempo de ocio y de descanso por asistir a dichos encuentros, que son parte de un plan mayor, un objetivo final que una vez conseguido, a través de procesos que pueden demandar largos años, es tan efímero como eterno, porque dura poco pero genera una onda expansiva que llega a todo el entorno de cada involucrado, que se alegra y disfruta del resultado. Y este resultado final es por un lado el premio de todo el esfuerzo anterior, y por otro, una explosión de energía que actúa como punto de partida para nuevos proyectos.

¿Estoy hablando de la producción a pulmón de una película under o de un campeonato de fútbol ganado por un equipo amateur? ¿Importa realmente si estoy hablando de uno o de los dos, si la existencia de cualquiera de los dos grupos garantiza la existencia de las cosas hechas con amor y pasión?

El primer cordón umbilical, el del contenido, viene rompiéndose porque es una paradoja en sí mismo, y sinceramente es muy poco probable que se restaure. Pero el segundo se hace cada día más fuerte y habla de mejores seres humanos, comprometidos con causas que llevan alegría a muchísimas personas más.

¿Ese cordón?  Que no se corte. Nunca.


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